jueves, 17 de junio de 2010

INVIERNO CON AUMENTO DE AGUA QUE LIMITO LOS PERIODOS DE SECAS Y FRIAJES PODRIAN DISMINUIR PRODUCTIVIDAD DE ARROZ EN CACATACHI,.


Los agricultores de Cacatachi, cuentan en la actualidad con el único aliado en su desconsuelo: Los técnicos del Proyecto SECAS INTERMITENTES PARA EL CONTROL VECTORIAL DE LA MALARIA EN EL CULTIVO DE ARROZ BAJO RIEGO.
La campaña anterior de Junio a Diciembre permitió aprovechar el fuerte verano con escasez de agua de riego y periodo de secas largas en las pozas de arroz de los sectores de Shupishiña y Shucushco. que dieron como resultado una mejor productividad superando el promedio de 6 TM por ha.
Se logro disminuir los índices de fertilización y del uso de los productos químicos para el control de plagas, enfermedades y malezas.
Este año, 2010, la campaña esta por concluir, algunos arroceros están cosechano y los resultados de su actividad no va ha ser como en la campaña anterior debido a la fuerte cantidad de precipitación plubiométrica y al aumento del caudal de los ríos que riegan las sementeras de arroz por las lluvias permanentes que existieron.
Aquello esta demostrando inicialmente que el arroz con mucha agua no macolla bien y que su productividad baja ostensiblemente tal como se viene evaluando en los primeros agricultores que van cosechando su producto en el sector Shupishiña.
Otra laya terrible en contra de los sufridos arroceros significan los precios bajos por su producto que no ha subido hasta hoy y que por el contrario esta bajando peligrosamente.
El Gobierno Regional, basado en los datos de la Campaña del 2009 de junio a diciembre ha proyectado realizar un proyecto de ampliación de la iniciativa de secas intermitentes en unas tres mil has. sin embargo la burocracia y la lentitud de los responsables de elaborar el perfil esta limitando su avance....

LOS VALORES DESVALORIZADOS Y LA REDENCION DEL INSENTIDO

Devolviendo el sentido a las cosas: el encuentro con lo cotidiano
Reinventar la vida debe ser una cuestión de humanidad. Y el encuentro con el día a día, espera favorecer la búsqueda permanente del sentido de las cosas, de tal manera que los actos recobren contenido. Se afirma que la post modernidad ha conducido a una edad del vacío, a un nihilismo que rodea la existencia humana, donde nada sorprende. Para ser justos con nosotros mismos diremos que la vorágine actual ha depreciado casi todo: el hogar, las relaciones amicales, la escuela, la función pública, la autoridad y las profesiones de fe. Hay una suerte de tácito acuerdo entre quienes realizan un acto determinado, por hacerlo “rápido” (como si la rapidez fuera un valor si ne qua non de la civilización actual) y recubrirlo de formalidades que terminan por diluir el verdadero sentido de las cosas. Y no hablo de pompa para hacerlas, precisamente le corro a la parafernalia. Y tampoco se trata de ceremonias ni de signos fatuos; postulo retomar el tejido humano desde una perspectiva que ancla los valores a las formas, no que pervierte los valores con las formas.

El saludo de cumpleaños, por ejemplo, es un ritual interesante. Probablemente las salutaciones han ido haciéndose con los tiempos, más públicamente cálidas. La efusividad de hoy, escapa a las maneras secas y serias del siglo pasado. Pero, pareciera que la calidez es impostada o que el tiempo ha desgastado el ritual: los abrazos son de plástico, las sonrisas son a medias, y los apretones fofos son de manos inertes. En realidad saludar “por compromiso”, carece de compromiso.

Las fechas de recordación cívica o patriótica han perdido fuerza y valor. Las ceremonias de este tipo sufren de abandono y quienes las fomentan u organizan probablemente no viven su verdadero sentido. Hay en el calendario una serie de días conmemorativos (algunos inclusive declarados oficialmente como feriados), pero éstos son una elegía al vacío. Para muestra, un botón. ¿Participa la población rindiendo homenaje a Miguel Grau el feriado ocho de octubre?. Las autoridades suelen sazonar sus discursos con la famosa invitación a “reflexionar en estos días”. Al tiempo que se reclama el cultivo de los valores cívicos y patrióticos, la población no vive la identidad con lo patrio. La Bandera Nacional con los colores del Perú, decoran rostros en las lides futbolísticas y – acaso con cierta abulia – se exhibe en los frontis de las casas en fiestas julias, pero nada más. Por lo demás, las plazas cívicas no se llenan ni de sentido patrio, ni de actividad cívica. Mucho menos, los bustos o efigies conmemorativas de héroes y gestas nacionales.

Esta es una época de grandes desencuentros. La precariedad humana en temas de humanidad ha devenido en lo que el colectivo nomina como “pérdida de valores”, aseveración que considero desmedida y un tanto incendiaria (o de afán justificatorio, tal vez). La frase de Descartes que se alza entre el paradigma del corazón y de la razón, ya es una pieza de anticuario. Ahora, ya no basta con afirmar a pie juntillas al hombre como medida de todas las cosas; en su envanecimiento límbico el ser humano se afirma como “única medida de todas las cosas” y, por supuesto, ya no es cuestión que Dios exista o no, más bien guturalmente se estruja la frase nihilista : “Dios, si es que existe, no importa”.

La esquina del barrio, el café del pueblo, las tertulias, no son más una fiesta de la conversación, son coloridas estampas incursas en la competencia de quien habla más (cantidad o agolpamiento de palabras, aunque sea sin sentido). Y de hecho, el escuchar queda en el oir a medias y son cada vez más las personas que compiten por escuchar su propia voz, como retando los morros de decibeles que se nos caen encima desde todos los espacios que han sido concebidos para estimular lo sónico. Tengo la certeza que cuando Juanita y Pepita se juntan para tomar un cafecito y conversar, una narrativa atropella a la otra y que indudablemente contar una historia personal – aún y cuando sea solamente con fines resilientes – más que motivo de escucha es la puerta de entrada para que la otra persona evoque lo que le ocurrió: si tu hijita tuvo fiebre anoche, la mía tuvo una fiebre más alta, la semana pasada. Inclusive, solemos empezar nuestro discurso con “es como cuando…” Evidentemente, la verdadera con-versación es una especie en extinción entre los medios de comunicación. Claro, las frases y las oraciones bien construidas – en el hermoso y casi nunca bien ponderado castellano – dan paso a palabras totales. En vez de expresar nuestro interés por la otra persona como debe ser, por ejemplo, usamos la oración ¿Y?. Para asentir el ¡Ya¡ es suficiente y el ¡aja¡ es tan común y ambiguo como el “any way” usado en los países de habla inglesa. Los pedazos de palabras son otra categoría de lo impreciso y el ahorro de vocablos en las conversaciones rápidas (ánimo copiado de todo lo “fast” que se ha inventado últimamente) es cuestión de inmediato trámite, sin lugar a pregunta. El intento por hilvanar una y otra idea – con el subsecuente mérito de profundizar el tema de conversación – suele concebirse como una pérdida de tiempo. La era del vacío parece no necesitar de la profusa información de la misma era, que también lo es del conocimiento. Aunque definitivamente hay cosas muy simpáticas en el habla de estos tiempos, son mayores los vicios y asesinatos linguísticos. Gracias a Dios (que estoy seguro que en su infinita bondad, abolió los santorales) ya nadie llama a sus hijos Tolomeo o Hermelinda; pero por otro lado, existía un verdadero sentido para ponerle nombre al nuevo habitante del mundo, advocación incluida las más de las veces. La calma no es una virtud de esta época, aunque filósofos como Onfray quieran sembrarla y es posible que las personas –siempre apuradas, siempre ocupadas- destruyan lo poco que queda de la fiesta del parlamento. Es muy probable que recuperar el rastro original le cueste a la humanidad todo un siglo.

No digo con ello que habrá reposiciones de himen lingüístico, pero observo con atención muchos de los cambios de postura que están empezando a acompañar al ser humano (de hecho, cambios primeramente operados en el primer mundo, el europeo) en esta época post industrial, los exigentes pedidos de retornar a la lectura de los clásicos, pensar la educación privilegiando el conocimiento, despejar, en términos cotidianos y sensibles la fórmula –ciertamente innegable - de la velocidad (ya no v=e/t, sino t=parte del espacio / parte de la velocidad, incluida la calma), agudizar los sentidos – poner de moda las cocinas, por ejemplo – para apreciar mejor las hambres de los hombres y la vuelta a lo mágico y lo místico, Harry Potter incluido. Celebro la urgencia por buscar orígenes, por reencontrar sentido propio. Como dije antes, es la humanidad que indaga por sus orígenes, no un perro que se busca la cola.